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Qué le pasa a tu corazón cuando estás triste

Te contamos que la tristeza no genera modificaciones cardiacas. No obstante, puede perjudicar el desempeño general de la persona y presentarse con síntomas sistémicos como cansancio radical, debilidad y también insomnio.

Fallecer de tristeza

Fallecer de tristeza es imposible, cuando menos a nivel clínico. Las causas que conducen a la desaparición están similares con otras patologías. No obstante, tanto el desafío como la tristeza están unidos a ciertas causas, agudizando ciertos inconvenientes a nivel psicológico.

De esta forma, un trabajo de investigación hecho por estudiosos noruegos llegó a la conclusión de que la depresión y sus síntomas socios generan un desequilibrio hormonal. Este desequilibrio perjudica el desempeño habitual del corazón humano. En verdad, sufrir depresión pertence a las primordiales causas del agobio, una nosología que lleva a cabo fenómenos inflamatorios o aterosclerosis.

Síndrome del corazón roto

El llamado síndrome de Tako-Tsubo o miocardiopatía por agobio (asimismo popular como síndrome del corazón roto) radica en una condición donde tras una fuerte emoción (fuerte disgusto, situación agotador) , muerte de un familiar…) el tolerante padece una secuencia de síntomas afines al infarto de miocardio usual. Estos síntomas son reversibles, en tanto que no se tienen que a un inconveniente coronario sino más bien a las secuelas de la liberación de enormes proporciones de hormonas (catecolaminas) en sangre tras una emoción realmente fuerte, con lo que el pronóstico de la patología es bueno.

La liberación de estas hormonas da rincón a una debilidad cardiaca transitoria. Los estudios de diagnóstico detallan arterias coronarias saludables, pero los capítulos repetidos de agobio tienen la posibilidad de desencadenarlas de nuevo.

Depresión vs. ¿tristeza?

La tristeza aparece de una situación concreta y real, como la separación de una relación cariñosa, la desaparición de un individuo cercano, la pérdida del trabajo, adversidades económicas, por ejemplo. En el momento en que nos encaramos a ocasiones que alteran el ambiente al que nos encontramos familiarizados, experimentamos sentimientos de melancolia, frustración, furia y, a veces, apatía. No obstante, tras un tiempo, que es dependiente del género de situación agotador a la que nos enfrentemos, estos sentimientos van desapareciendo hasta el punto de no experimentarlos e inclusive poder rememorar el acontecimiento agotador sin rememorar esos sentimientos.

La depresión se distingue de la tristeza como un trastorno afectivo donde hay pérdida de interés o exitación en alguna actividad común al avance del sujeto sin detectar una causa concreta o real que crea esa apatía.

En el momento en que el cerebro interpreta el mal sensible como una amenaza

El mal torácico acostumbra manifestarse en el momento en que nuestro padecimiento es profundo o sostenido en el tiempo. Es común que este efecto psicofísico de alta intensidad se muestre en los duelos. Perder a alguien o padecer un quiebre afectivo son 2 desencadenantes comunes. Asimismo los periodos de crisis en las transiciones, tal como las mucho más dolorosas decepciones.

  • Lo que sucede en estas situaciones es lo siguiente. El cuerpo interpreta esta experiencia sensible intensa y persistente como una amenaza y, consecuentemente, lleva a cabo una contestación de agobio.
  • Esta contestación al agobio libera hormonas como el cortisol y la adrenalina. La presión arterial sube y el cerebro escoge mandar mayores escenarios de oxígeno a los músculos y no tanto al corazón o los pulmones. Hace esto en un intento de hacer más simple el accionar de pelea o escapada.
  • Consecuentemente, experimentamos una alguna sensación de ahogo o presión gracias a estos cambios hormonales y fisiológicos.

El mal de un infarto

El síndrome del corazón roto asimismo se conoce como “síndrome de takotsubo”, gracias a la similitud de la manera del corazón de la gente con esta afección con la Mariguana de Japón del mismo nombre.

Este síndrome puede ser desencadenado por un shock, y si bien es diferente a un infarto, comparte ciertos síntomas como mal en el pecho y contrariedad para respirar.

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