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Qué órgano se daña por el enojo

El enfado o la agresividad de un individuo tiene efectos directos sobre el desempeño del corazón, con lo que asimismo se cree que el agobio está poderosamente relacionado con las anomalías de la salud cardiovasculares.

“Emoción” se puede determinar como un estado afectivo o reacción subjetiva al ambiente que se acompaña de cambios orgánicos que influyen en el pensamiento y la conducta; y por consiguiente a nuestra vida cariñosa.

En el sistema médico clásico chino, las conmuevas están socias con todos los órganos primordiales de nuestro cuerpo y tienen la posibilidad de activarse presionando elementos importante de nuestro cuerpo. Esta relación se da pues cada emoción procede de un campo psíquico que se relaciona con su pertinente órgano primordial. Este órgano puede ser bajo la influencia por una emoción especial. Por servirnos de un ejemplo, una situación externa como una situación laboral que nos provoque enfado y frustración incesante puede terminar afectando al hígado y creando un desequilibrio de adentro.

El cerebro enojado desea tener la razón

En el momento en que la gente son jóvenes, la furia es mucho más fuerte y también intensa que desde los 35 o 40 años, en el momento en que el sentimiento es mucho más selectivo y se controla en un periodo mucho más corto de tiempo.

El peor instante para solicitarle a alguien que se calme es en el momento en que está enojado, en verdad, es un fallo decir “cálmate” pues te enoja mucho más. «Un cerebro enojado desea tener razón y desea que le comenten que lleva razón».

Daño hepático

La furia provoca que se segregue mucho más bilis de la que debería en condiciones normales. Esta substancia ha de ser echada por la vesícula biliar. De ahí que este órgano asimismo puede padecer.

No obstante, todavía no hay estudios que confirmen una correlación entre los inconvenientes hepáticos y la furia o el desencadenamiento de conmuevas.

Efecto dominó

El efecto dominó de la furia prosigue en tus glándulas suprarrenales y cortisol, brindándote una explosión de energía y fuerza. Esto dirige nuevamente el fluído de sangre desde el estómago y los intestinos a los músculos, preparándote para combatir. La presión arterial, el umbral del mal y la temperatura incrementan, la respiración y el ritmo cardiaco se aceleran y las pupilas se dilatan.

Todo lo mencionado pasa toda vez que la furia o la frustración se apoderan de ti.